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Blog de Grupormiga

Solidaridad, un valor en alza

Martes, 24 de August de 2010

  • CONCEPTO DE SOLIDARIDAD

Foto de Pink SherbetTodo empieza por uno mismo: de dentro a afuera. No puedo ser solidario con los demás si en mi vida diaria actúo en desunión. Si vemos la realidad como suma de partes, no como un todo. Ser solidario con los demás en nuestra cotidianeidad implica cosas tan sencillas como hacer que nuestros actos no molesten a los que nos rodean; el famoso dicho de: “mi libertad termina dónde empieza la de los demás”.
Algunos ejemplos de solidaridad de todos los días: tirar la basura por la noche, respetar las colas, preservar el espacio de intimidad en lugares públicos… Es decir,  un sentimiento de: “lo que no quiero para mí, no lo repercuto a los demás”. Si actuamos pensando en que siempre hay una situación que beneficia a todas las partes, estamos siendo solidarios. Entonces, todos ganamos.

 

  • SOLIDARIDAD EN SOCIEDAD

La solidaridad está de moda. Todos queremos ser solidarios públicamente y no quedarnos fuera, como si él no pertenecer a determinada organización, causa, fuese un acto de insolidaridad. Es fantástico que se difunda públicamente el altruismo, las donaciones y los actos solidarios porque sirven de ejemplo y crean una corriente positiva de ayuda universal. Pero, para que sean efectivos, estos actos tienen que estar movidos por el corazón: no nos podemos sentir obligados ni forzados socialmente. Creo en la solidaridad como actitud ante la vida, no como aportaciones puntuales que nos colocan en un peldaño social del ranking de la beneficencia.

Foto de Pilar Azaña

La solidaridad se empieza por no discutir con tu pareja/ compañero de piso/familia por ver quién tira la basura, cuando la basura la generamos todos y molesta a todos; cuando no aparcamos en triple fila porque nos viene mejor parar exactamente en ese sitio, cuando en el buffet de los hoteles no nos comportamos como si se hubiese acabado la comida en el planeta; cuando en las bibliotecas no ocupo sitios con un papel para mí y para todos mis compañeros (aunque lleguen a las 11 de la mañana); cuando en una piscina de un hotel no despliego todas las toallas disponibles y me voy dos horas a comer y luego vuelvo; cuando en la playa no tiramos la basura a una papelera que está rebosando; cuando no hacemos de los espacios naturales nuestro salón particular... Si nos comportamos de manera grosera con los demás no podemos ser solidarios por mucho que colaboremos con una ONG todos los años.

Para ser solidarios hay que creer en los que se hace aunque sea una causa pequeña. No hay causas pequeñas. Somos muchos seres en el planeta y cada uno dispone de una habilidad y fortaleza que nos hace únicos. No se trata de  cantidad sino de calidad. No es cuestión de colaborar con diez organizaciones: empecemos por una solidaridad básica de vivir en una sociedad más civilizada; luego, a todos nos llegará aquella parcela en la que creemos, nos llena, nos motiva y entonces, nos volcaremos con pasión.

 

  • ALGUNOS TABÚES DE LA SOLIDARIDAD

La solidaridad no está reñida con el lujo

La solidaridad es un valor que va más allá de la apariencia y del hecho de disfrutar de la vida cómo nos apetezca. No hace falta ponerse un disfraz, ni llevar determinado look para ser solidario. De la misma manera, el lujo no está reñido con la bondad. Prueba de ello son  algunos alojamientos turísticos sostenibles que unen lujo, confort y belleza con prácticas responsables con el medio ambiente y las personas: Ecoturismo.

La solidaridad no es gratuidad

Hay muchas personas que se dedican por entero, con su trabajo, con su  actividad diaria a ayudar a los demás. Personas que están en otros países viviendo en los lugares dónde se coopera.  Es una apuesta valiente dónde muchos han invertido sus recursos y cesado con trabajos remunerados para dedicarse a la ayuda de manera altruista.
De la misma manera que un empleado realiza su trabajo y percibe su salario, se necesita dinero no solo para acometer proyectos  en las zonas necesitadas sino para dotarles de las infraestructuras y manutención necesarias.

La solidaridad no es estafa

Muchas de las razones que nos impiden a veces a colaborar con determinada causa u organización es la desconfianza ¿llegará esa ayuda a su destino? ¿Cómo se reparte? ¿La aprovechan quienes realmente la necesitan?

Es cierto que ha habido casos de fraudes y/o desinformación. En muchas ocasiones no sabemos realmente cómo, cuándo y qué les llega. Pero lo habitual es que se creen entidades, fundaciones y asociaciones con fines positivos. Un ejemplo de altruismo es la Fundación Niños de Guarataro.

Por eso, son importantes dos aspectos:
• Transparencia de la organización con la que vamos a colaborar y
• Confianza, como donantes.

 

Empecemos por nosotros mismos, en nuestro día a día, sin emitir juicios de valor, pensando sanamente, que las motivaciones que nos inclinan a ayudar a los demás son positivas, que cada uno de nosotros tiene su espacio, lo que más le gusta para poder ser solidario.  No  es más solidario el que aporta una cantidad astronómica a una fundación que el que adopta un perro abandonado. Todo vale. Todos podemos crear una corriente solidaria.
 

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